Especialistas del INTA destacaron la importancia de anticiparse a la próxima campaña agrícola mediante un manejo integral del suelo, el agua y la nutrición de los cultivos, en un contexto de suelos con deficiencias nutricionales en distintas regiones productivas.
Desde la experimental INTA Oliveros, en Santa Fe, señalaron que la rotación de cultivos, la fertilización adecuada y el diagnóstico preciso del estado del suelo son herramientas clave para sostener y mejorar los niveles de producción en la campaña fina.
Uno de los primeros pasos recomendados es definir la ocupación del suelo en función de la disponibilidad hídrica. En este sentido, los especialistas sugieren medir la recarga del perfil para determinar qué cultivo implantar y en qué momento hacerlo, especialmente en zonas donde las lluvias invernales son limitadas y el rendimiento depende del agua acumulada al inicio del ciclo.
En paralelo, la fertilización se presenta como un eje estratégico del manejo. Según los técnicos, el nitrógeno es uno de los nutrientes más críticos y su disponibilidad suele ser insuficiente, por lo que recomiendan realizar análisis de suelo —idealmente hasta los 60 centímetros de profundidad— entre mayo y junio, antes de la siembra, para estimar la disponibilidad de nitratos y ajustar las dosis.
En este marco, se destaca la estrategia de fraccionar la fertilización nitrogenada como una alternativa eficiente, ya que permite adaptar las aplicaciones tanto a las necesidades del cultivo como a las condiciones económicas del productor.
Los especialistas también subrayan la importancia de evaluar otros nutrientes como fósforo y azufre, especialmente en esquemas de doble cultivo. Advierten que muchas veces la fertilización se concentra en el cultivo principal, como el trigo, sin contemplar adecuadamente el impacto en el cultivo posterior, lo que puede generar limitaciones productivas.
La planificación de sistemas de doble cultivo, como trigo-soja o trigo-maíz, requiere una mirada integral que contemple la rotación completa y no solo cada cultivo de manera individual, para evitar desequilibrios nutricionales en el sistema.
Otro factor clave es el manejo del agua. En gran parte de la región pampeana, el trigo depende en gran medida de la humedad disponible al inicio del ciclo. Por eso, se recomienda medir el contenido hídrico del suelo —idealmente hasta dos metros de profundidad— para evaluar la recarga del perfil y proyectar el comportamiento del cultivo.
Los técnicos remarcan que existen modelos de simulación que permiten estimar la dinámica del agua en el suelo a lo largo del año, lo que facilita la toma de decisiones productivas. Además, recomiendan a los productores acercarse a las estaciones experimentales del organismo para acceder a asesoramiento técnico y datos actualizados.
Desde el organismo concluyen que la disponibilidad creciente de información técnica permite tomar decisiones más precisas y mejorar la eficiencia del sistema productivo en su conjunto.